Martes, enero 18

La disciplina, premios y castigos

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Por un lado, algunos piensan que la obediencia de un niño es un buen índice de que es disciplinado y ha sido educado con amor y respeto hacia sus padres y maestros. Por otro, pensamos que a muchos niños se les somete a las decisiones de los adultos, dejando de lado sus propios intereses y necesidades, privándoles de la oportunidad de explorar, aprender y decidir. La disciplina necesita un balance.

Pero, ¿a qué edad empezar con la disciplina? La misma empieza desde que un niño tiene capacidad para entender, es decir, desde que nace. Muchos adultos subestimamos la capacidad de los niños. Estudios recientes demuestran que los bebés se comunican a través de gestos. Esto reduce su ansiedad, aumenta su capacidad creativa y mejora su estado de ánimo cuando ve que su manera de comunicarse es efectiva y reforzada. Por ejemplo, si un bebé llora y sabemos que es por hambre, nos anticipamos y le damos su biberón en el momento adecuado.

De ese modo, estamos brindando tranquilidad, respeto, seguridad en sí mismo, confianza en los adultos, disciplina, amor y lo más importante: estaremos ayudándolo a tener más tolerancia a la frustración, porque encontrará bienestar con sus padres en los momentos más significativos. Aquí radica la importancia que tiene el dejar que los niños desde pequeños se expresen libremente y aprendan a transmitir sus ideas y a defender sus puntos de vista; así como a tolerar las ideas y puntos de vista de los demás.

EN EL COLEGIO

La educación tiene que ser un proceso compartido donde la crítica y la reflexión ocupen un lugar primordial.

Los conocimientos, valores y el buen pensar son ingredientes fundamentales en este proceso. Una currícula relevante es una currícula plena de sentido que se concentra en la enseñanza y el aprendizaje de habilidades, competencias, actividades y estrategias que dan lugar al pensamiento profundo, al buen juicio y al comportamiento razonable.
Para John Dewey, “juzgar es pensar los pros y contras del pensamiento y decidir de acuerdo con el equilibrio de la evidencia”.

Si la educación ha de preocuparse por fortalecer el juicio en los niños, debe entonces poner en cuestión la noción del buen juicio. Para producir buenos juicios debemos poseer la capacidad y sensibilidad para aprender a partir de lo que experimentamos. El cultivo del buen juicio exige que cada persona examine sus propias actitudes, valores y conductas. Todo esto implica a su vez, reflexionar y deliberar acerca de las experiencias y modificar el propio pensamiento cuando es necesario.

Fiorella Márquez
Directora Nacional
Newton College

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